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Historia de la Asociacion Antioqueña de Cooperativas - CONFECOOP Antioquia - Constitución

Indice de Artículos
Constitución
Devenir años 90
El fenómeno de la crisis
Transitando el siglo XXI

Devenir años 90

Los primeros cinco años de ASACOOP se definieron en torno al propósito de consolidar el esquema de integración, logrando adquirir una imagen aceptada por una gran mayoría de cooperativas y cooperativistas, generando grandes expectativas en torno a las posibilidades del desarrollo del sector. En tal sentido, se enfrentó el proceso de planeación del cooperativismo antioqueño.
Espacios integracionistas y escenarios para compartir experiencias, expectativas e ilusiones se crearon simultáneamente. Se formalizó el “Desayuno Cooperativo”, se publicó periódicamente el boletín institucional y se iniciaron las pasantías a diversos lugares del departamento y el país. De la mano de la Asociación, los dirigentes empezaron a adquirir madurez política y administrativa, produciendo una visión de desarrollo conjunto, entendiéndose que la forma de integración adoptada debía liderar los diversos procesos de desarrollo y consolidación del sector en el Departamento.

Debe destacarse el esfuerzo realizado por ASACOOP en torno a la participación en la Constituyente y a la presentación de propuestas de inclusión de textos en la nueva Constitución.

En síntesis, al culminar el año 1992 se podía decir que ASACOOP había salvado sus primeros escollos, se consolidaba como el principal organismo de representación del sector en Antioquia, contenía a su interior un número apreciable de cooperativas, aunque seguía siendo minoritario respecto del universo y, desde el punto de vista administrativo, había logrado estabilidad. El plan de desarrollo del cooperativismo, construido mediante un amplio proceso participativo, se presentaba como el derrotero principal para el próximo lustro.

Pero, ese proceso en ascenso de la integración se vio afectado en los siguientes años –por lo menos hasta 1996- por dos situaciones particulares: la primera, relacionada con la persistente y profundizada inoperancia del Departamento Administrativo Nacional de Cooperativas –DANCOOP-; la segunda, el crecimiento inusitado del cooperativismo con actividad financiera y la creación de los bancos cooperativos.

Desde la perspectiva de las relaciones con el Estado, la Asociación vio disminuida su actividad al tenor del proceso de descomposición que vivió el DANCOOP, al no poderse reconstituir en los términos ordenados por la Constitución. El detrimento de la institución fue aumentando con los años; los procesos de control sobre el crecimiento y la acción administrativa de las cooperativas fueron efímeros. Sólo en el año 1995 se nota un acercamiento con este órgano estatal, el cual se centró en la realización de un estudio exploratorio del cooperativismo antioqueño. Básicamente, hacia la mitad de los noventa, las relaciones con el Estado se limitaron a los acuerdos con las administraciones departamental y municipal.

Durante 1994 se hicieron todos los esfuerzos para mantener con el Municipio de Medellín el acuerdo de exoneración del impuesto de industria y comercio a cambio de la continuación de procesos de gestión social en los ámbitos comunitarios. Con la gobernación de Antioquia  se acordó la expansión ordenada hacia municipios que no tuvieran servicios financieros, mediante la apertura de agencias en dichas localidades, a través del programa “Bancos del Pueblo”.

De su lado, la dinámica del cooperativismo con actividad financiera se amplió, como consecuencia de las directivas de la Ley 79 de 1988 y los decretos reglamentarios que dieron pié a la formación de nuevos niveles de organización: bancos cooperativos y cooperativas financieras. Las cifras consolidadas de diciembre de 1996 confirmaron que este subsistema del cooperativismo creció a tasas superiores a las de otros sectores de la economía nacional, mejorando su participación dentro del concierto financiero nacional.

En Antioquia, algunas cooperativas iniciaron un proceso de ajuste para incursionar como captadoras, realizando esfuerzos por cumplir metas de capitalización, abriendo el vínculo y ordenando su estructura administrativa. Otras cooperativas que encontraron dificultades para acercarse a los topes de capital, abandonaron sus expectativas de crecimiento y se limitaron a sus naturales vínculos (empresariales o residenciales). La gran mayoría de cooperativas urbanas, que estatutariamente mantenían el criterio de multiactividad, optaron por liquidar sus estructuras complementarias o colocarlas definitivamente en un segundo plano, consagrando la especialización en la norma o en la práctica. Se preparaban así para sobrevivir en orden a responder a un marco normativo adverso y a la tendencia de concentración de aquellas cooperativas que tempranamente habían forzado la transformación. Las cooperativas multiactivas e integrales de las pequeñas poblaciones, se vieron compelidas a optar por la especialización o a mantener un vínculo estrictamente cerrado sin posibilidades de hacer realidad la consigna de ser “bancos del pueblo”.

Las cooperativas de mayor dinámica financiera, aguijoneadas por las expectativas de supervivencia y, en algunos casos, por las malformaciones surgidas desde mediados de la década de los ochenta, se fortalecieron administrativa y tecnológicamente e hicieron competencia abierta a cooperativas con nichos sociales delimitados, generando un factor de desestabilización del subsistema y de las tradicionales relaciones de solidaridad entre entidades hermanas.

Estos procesos afectaron enormemente la acción integracionista de ASACOOP, representado principalmente en la imposibilidad de adelantar el Plan de Desarrollo del sector, ampliar su número de asociados y fortalecerse administrativamente. ASACOOP se constituyó, durante los años siguientes a 1993, en un simple mediador y catalizador de fuerzas que pugnaban por el crecimiento y la expansión.  Ante dicho fenómeno un último esfuerzo integracionista se verificó: se organizó y realizó el Primer Congreso de la Economía Solidaria de Antioquia durante el segundo semestre de 1996, el cual convocó no sólo a la dirigencia cooperativa sino también a la de las demás expresiones empresariales de Economía Solidaria, en el objetivo de “abrir una ventana al siglo XXI”.

Los resultados del Primer Congreso ratificaron las formulaciones de desarrollo del año 1992 y advirtieron sobre las consecuencias de la carrera expansionista y la necesidad de establecer acuerdos para controlar la crisis que se veía venir.
 
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