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El cooperativismo, una esperanza

Han demostrado ser muy resilentes en la pandemia, y han protegido con su solidaridad el trabajo decente, el acceso a salud, y las comunidades en donde operan. Refirman con su experiencia, siempre en perfeccionamiento, que mejorar el mundo es posible… BERNARDO KLIKSBERG

La pandemia está generando un agravamiento de la pobreza, el hambre, el desempleo, la exclusión y las desigualdades. Entre otros efectos, durante ella las inequidades se están agudizando. En América Latina, la pobreza creció a 38%, y se perdieron 40 millones de empleos. Según Forbes, al mismo tiempo el patrimonio del 1% más rico subió un 17%. Las metas mundiales de desarrollo sostenible de la ONU 2030 están en peligro. Así por ejemplo, las tasas de vacunación de los niños pobres han retrocedido, y según la Fundación Gates, se han perdido 25 años de avances.

El Papa Francisco exige fortalecer la solidaridad, y la economía social. Su pilar es el cooperativismo. Con frecuencia se lo ignora. Una revisión de sus realidades muestra su enorme potencial para contribuir a la construcción de economías con rostro humano.

Más de 1000 millones de personas son hoy miembros del movimiento cooperativo. Hay 3 millones de cooperativas. Crean el 10% de los empleos. Las 300 mayores tienen ingresos anuales de 2035 billones de dólares.

Los principios que orientan este importante actor económico y social, se orientan todos al bien común, a una mirada de largo plazo del desarrollo, y a la preservación ambiental. Su credo de valores comprende: democracia, responsabilidad social, igualdad, solidaridad, cuidado de los otros, y del ambiente.

Tienen fuerte peso en múltiples países. En Japón una de cada tres familias es cooperativista. En Singapur lo es un tercio de la población. En Kenia una de cada cinco. En Israel generan el 80% de la producción agrícola, y crearon el riesgo por aspersión, y otras innovaciones que son referencia universal.

En los exitosos países escandinavos, líderes mundiales, en equidad, desarrollo humano, esperanza de vida, transparencia, acceso a educación y salud, igualdad de la mujer, y otras, el cooperativismo es una fuerza central de la sociedad.

En Finlandia hay más miembros de cooperativas que habitantes, porque muchos son integrantes de varias. Es un país casi sin recursos naturales, pero con una poderosa economía social. El Nobel Virtanen señala: “No tenemos Rockefellers o Carnegies, pero tenemos cooperativas”.

Entre los casos ejemplares se halla el S Group, cooperativa de consumidores que tiene el 45% del mercado, y entre otros emprendimientos ha conseguido mejorar los derechos humanos en la cadena de producción de tomates en el sur de Italia.

América Latina ha sido tierra fértil para las cooperativas. En un país como la Argentina, llegan a miles de pequeños municipios donde son las principales proveedoras de electricidad, agua potable, teléfono, y otros servicios esenciales, y base del crédito a las pequeñas y medianas empresas.

Resalta la experiencia de la centenaria Cooperativa Obrera de Bahía Blanca. Ha logrado convertirse en una de las 10 principales cadenas de supermercados del país. Con 2 millones de afiliados, tiene 133 sucursales en 4 provincias. Sus productos cuidan especialmente de la salud de la población. Entre ellos ha sido la pionera en producir un pan con Omega 3, 6 y 9 y fitoesteroles.

Las cooperativas no están en las bolsas, y tienen poca prensa, pero hacen como lo dice Ariel Guarco, Presidente de la Alianza Cooperativa Internacional, hacen aportes diferenciales en la agenda 2030 de la ONU.

Han demostrado ser muy resilentes en la pandemia, y han protegido con su solidaridad el trabajo decente, el acceso a salud, y las comunidades en donde operan.

Refirman con su experiencia, siempre en perfeccionamiento, que mejorar el mundo es posible.

Fuente: Confederación de Cooperativas de Colombia 


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