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Hay extraordinarias razones para la esperanza.

Mensaje de Carlos Acero Sánchez, Presidente de la Confederación de Cooperativas de Colombia

2020 será un año para recordar. Como especie, los humanos nos enfrentamos a un diminuto e imperceptible virus que, sin avisar y con una vertiginosa capacidad de expansión, inundó la cotidianidad de los casi 7.5 mil millones de seres humanos. En pleno auge de la era de la Info- bio tecnología, la 4ª. Revolución industrial y la nueva economía, nos obligó, de la noche a la mañana, a cambiar nuestra forma de relacionarnos con los otros, (familia, amigos, compañeros de trabajo o estudio, vecinos, extraños, hasta consigo mismo), con la economía, con el medio ambiente, con el Estado y el territorio, con todo.

2020 puso en el primer plano de la agenda pública y privada una serie de conceptos valiosos, muy conocidos para quienes actuamos en el marco de la economía cooperativa, social, solidaria y del bien común, pero quizás distantes e incluso vacíos para miles de millones de personas.

Dentro de las palabras más usadas este año encontramos solidaridad, cooperación, ayuda común o mutua. Se volvieron de uso general entre la gente, e incluso entre actores económicos, políticos, académicos y comunicadores. Esas palabras redefinieron formas de relacionamiento, prácticas sociales, la mirada que tenemos sobre los demás. También sirvieron para hacer relevantes valores humanos que quizás estaban desplazados por más de cuatro o cinco décadas de vigencia de un modelo económico que privilegia conceptos como la acumulación, el lucro y la maximización de las ganancias sobre el ser humano, el medio ambiente y el bienestar colectivo. Muchas voces a nivel global y local invocan, ahora, esos conceptos como base para una nueva o mejor normalidad.

Esos conceptos tan antiguos como humanos nos permitieron ver que hay otras formas de interactuar en el mercado, de hacer economía, de gestionar empresas, de crear trabajo, de producir y consumir, de tomar decisiones responsables, sostenibles e incluyentes. Y de prosperar colectivamente, procurando no dejar a nadie atrás, como lo señaló la Alianza Cooperativa Internacional en su mensaje del Día Internacional de las Cooperativas de 2018.

Esos conceptos son los mismos que han aplicado las cooperativas siempre y que en esta ocasión emergieron inmediatamente para apoyar a los asociados más afectados. Este modelo basado en la solidaridad económica, pues todos aportamos, en la cooperación, pues todos nos comprometemos y en la ayuda mutua, pues todos nos esforzamos y compartimos, mostró su vigencia, validez, legitimidad y eficacia. A nivel global y en nuestro país, las cooperativas actuaron conforme a su paradigma de servicio, ayudando a resolver necesidades y aspiraciones de sus asociados y familias y extendiendo, en muchísimos casos, su compromiso y acción a las comunidades en donde actúan.

De los fondos de solidaridad y sociales, característicos del modelo, salieron importantes ayudas para los asociados. No solamente de carácter económico, estimadas en alrededor de $250 mil millones, además de los alivios por casi $4.5 billones dados a los asociados que disponían de créditos con sus entidades. Son muchas y reconocidas las actividades sociales, de acompañamiento, bienestar, recreación, asistencia médica y sicológica y capacitación que han venido ofreciendo las cooperativas en medio de esta pandemia.

Se aceleró la transformación digital, se adoptaron decisiones que, tal vez, de otra manera hubieran tomado años. La capacidad de respuesta y de adaptabilidad fue significativa. Queda mucho por hacer, pero es necesario reconocer lo mucho que se avanzó este año y, sobre todo, los paradigmas que se derribaron.

La base social de nuestras cooperativas en 2020 creció a pesar de la pandemia. Ello prueba la confianza de la gente en estas empresas de bienestar, de su solidez financiera, de su vocación de permanencia y sostenibilidad y de la presencia en localidades y territorios en donde fungen como la institucionalidad o son reconocidas como proveedoras confiables de bienes y servicios y cocreadoras de bienes públicos y comunes, como la educación, la democracia económica, la participación y la generación de relaciones y tejido social.

2020 puso en evidencia que este modelo socioeconómico y cultural no solo está vigente, sino que ahora se hace necesario, pertinente, muy útil y, en algunos casos, urgente para facilitar la organización de las personas y comunidades para la producción, el emprendimiento, el trabajo, el consumo, la inclusión económica y financiera, la recuperación de empresas y la recuperación de la economía local y nacional.

2020 abrió el camino para la transformación del modelo de desarrollo y con ello, la posibilidad de ajustes normativos que permitirán, con la entrada en vigencia de la ley de emprendimiento, entre otros instrumentos, ampliar el ámbito de acción del modelo cooperativo en campos como el emprendimiento, ahora a partir de tres (3) asociados mínimo, el apoyo a las mipymes, el fomento y fortalecimiento de las formas asociativas, cooperativas y solidarias de la propiedad, el acceso de los trabajadores a la gestión de las empresas, la participación en la recuperación del aparato económico, con especial énfasis en lo local y regional, la participación de las cooperativas y empresas de la economía solidaria en los procesos de compras públicas locales, el desarrollo de procesos de educación y formación cooperativa y solidaria, entre otros aspectos.

2020 nos recordó la fragilidad humana, pero a su vez, nos mostró nuestra capacidad de adaptación e innovación como especie. Nos hizo comprender que son tiempos de cambio y de cambio de paradigmas. Nos explicó que, frente a la incertidumbre, hoy compañera diaria de nuestras decisiones, cobra validez la tesis de que a mayor cooperación menor riesgo. Por todo ello creemos que en 2021 hay extraordinarias razones para la esperanza.

Carlos Ernesto Acero Sánchez – Presidente Ejecutivo Confecoop

2020 será un año para recordar. Como especie, los humanos nos enfrentamos a un diminuto e imperceptible virus que, sin avisar y con una vertiginosa capacidad de expansión, inundó la cotidianidad de los casi 7.5 mil millones de seres humanos. En pleno auge de la era de la Info- bio tecnología, la 4ª. Revolución industrial y la nueva economía, nos obligó, de la noche a la mañana, a cambiar nuestra forma de relacionarnos con los otros, (familia, amigos, compañeros de trabajo o estudio, vecinos, extraños, hasta consigo mismo), con la economía, con el medio ambiente, con el Estado y el territorio, con todo.

2020 puso en el primer plano de la agenda pública y privada una serie de conceptos valiosos, muy conocidos para quienes actuamos en el marco de la economía cooperativa, social, solidaria y del bien común, pero quizás distantes e incluso vacíos para miles de millones de personas.

Dentro de las palabras más usadas este año encontramos solidaridad, cooperación, ayuda común o mutua. Se volvieron de uso general entre la gente, e incluso entre actores económicos, políticos, académicos y comunicadores. Esas palabras redefinieron formas de relacionamiento, prácticas sociales, la mirada que tenemos sobre los demás. También sirvieron para hacer relevantes valores humanos que quizás estaban desplazados por más de cuatro o cinco décadas de vigencia de un modelo económico que privilegia conceptos como la acumulación, el lucro y la maximización de las ganancias sobre el ser humano, el medio ambiente y el bienestar colectivo. Muchas voces a nivel global y local invocan, ahora, esos conceptos como base para una nueva o mejor normalidad.

Esos conceptos tan antiguos como humanos nos permitieron ver que hay otras formas de interactuar en el mercado, de hacer economía, de gestionar empresas, de crear trabajo, de producir y consumir, de tomar decisiones responsables, sostenibles e incluyentes. Y de prosperar colectivamente, procurando no dejar a nadie atrás, como lo señaló la Alianza Cooperativa Internacional en su mensaje del Día Internacional de las Cooperativas de 2018.

Esos conceptos son los mismos que han aplicado las cooperativas siempre y que en esta ocasión emergieron inmediatamente para apoyar a los asociados más afectados. Este modelo basado en la solidaridad económica, pues todos aportamos, en la cooperación, pues todos nos comprometemos y en la ayuda mutua, pues todos nos esforzamos y compartimos, mostró su vigencia, validez, legitimidad y eficacia. A nivel global y en nuestro país, las cooperativas actuaron conforme a su paradigma de servicio, ayudando a resolver necesidades y aspiraciones de sus asociados y familias y extendiendo, en muchísimos casos, su compromiso y acción a las comunidades en donde actúan.

De los fondos de solidaridad y sociales, característicos del modelo, salieron importantes ayudas para los asociados. No solamente de carácter económico, estimadas en alrededor de $250 mil millones, además de los alivios por casi $4.5 billones dados a los asociados que disponían de créditos con sus entidades. Son muchas y reconocidas las actividades sociales, de acompañamiento, bienestar, recreación, asistencia médica y sicológica y capacitación que han venido ofreciendo las cooperativas en medio de esta pandemia.

Se aceleró la transformación digital, se adoptaron decisiones que, tal vez, de otra manera hubieran tomado años. La capacidad de respuesta y de adaptabilidad fue significativa. Queda mucho por hacer, pero es necesario reconocer lo mucho que se avanzó este año y, sobre todo, los paradigmas que se derribaron.

La base social de nuestras cooperativas en 2020 creció a pesar de la pandemia. Ello prueba la confianza de la gente en estas empresas de bienestar, de su solidez financiera, de su vocación de permanencia y sostenibilidad y de la presencia en localidades y territorios en donde fungen como la institucionalidad o son reconocidas como proveedoras confiables de bienes y servicios y cocreadoras de bienes públicos y comunes, como la educación, la democracia económica, la participación y la generación de relaciones y tejido social.

2020 puso en evidencia que este modelo socioeconómico y cultural no solo está vigente, sino que ahora se hace necesario, pertinente, muy útil y, en algunos casos, urgente para facilitar la organización de las personas y comunidades para la producción, el emprendimiento, el trabajo, el consumo, la inclusión económica y financiera, la recuperación de empresas y la recuperación de la economía local y nacional.

2020 abrió el camino para la transformación del modelo de desarrollo y con ello, la posibilidad de ajustes normativos que permitirán, con la entrada en vigencia de la ley de emprendimiento, entre otros instrumentos, ampliar el ámbito de acción del modelo cooperativo en campos como el emprendimiento, ahora a partir de tres (3) asociados mínimo, el apoyo a las mipymes, el fomento y fortalecimiento de las formas asociativas, cooperativas y solidarias de la propiedad, el acceso de los trabajadores a la gestión de las empresas, la participación en la recuperación del aparato económico, con especial énfasis en lo local y regional, la participación de las cooperativas y empresas de la economía solidaria en los procesos de compras públicas locales, el desarrollo de procesos de educación y formación cooperativa y solidaria, entre otros aspectos.

2020 nos recordó la fragilidad humana, pero a su vez, nos mostró nuestra capacidad de adaptación e innovación como especie. Nos hizo comprender que son tiempos de cambio y de cambio de paradigmas. Nos explicó que, frente a la incertidumbre, hoy compañera diaria de nuestras decisiones, cobra validez la tesis de que a mayor cooperación menor riesgo. Por todo ello creemos que en 2021 hay extraordinarias razones para la esperanza.

Carlos Ernesto Acero Sánchez – Presidente Ejecutivo Confecoop


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