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Coogranada y Creafam crearon una cooperativa que asocia a los niños antes de nacer

Cooingra

Cuando Bibiana Restrepo llegó a este mundo, Granada ya estaba en poder de la guerrilla. Y cuando cumplió 15 años, parecía que iba a desaparecer, bajo el fuego cruzado de elenos, farianos, paramilitares y Ejército. A punta de bombazos, extorsiones, masacres y desplazamientos, de los 22 mil habitantes solo quedaban cuatro mil.

Pero si algo ha distinguido a los granadinos, en 215 años de historia, es su coraje para levantarse de entre el polvo, a base de solidaridad. Y lo volvieron a hacer. De la mano del padre Óscar Orlando Jiménez y su extraña prédica, y con la valentía de los líderes comunitarios, en 2005 la población empezó a sobreponerse, tras el repliegue de los actores armados y luego de 13 masacres, 12 operaciones militares, cientos de combates y decenas de desplazamientos forzados.

Entre los sobrevivientes de esa horrible noche de cerca de 20 años, quedaron Coogranada y  Creafam, dos cooperativas fundadas en 1963 y 1993, que habían logrado cultivar en los granadinos el espíritu cooperativo heredado de cuna: en Granada nació uno de los grandes próceres del cooperativismo colombiano: Francisco Luis Jiménez Arcila, fundador de Ascoop.

En el pico de la guerra, en 2002, las dos cooperativas crearon un proyecto que buscaba darles a los niños y jóvenes oportunidades distintas a la de vestirse de guerra y colgarse un fúsil para matar gente. Así nació la Cooperativa Infantil Granadina – Cooingra, un proyecto de educación financiera infantil, basado en la lúdica, que 18 años después tiene cerca de 30 mil asociados.

Vidas paralelas

“Yo llegué a Cooingra cuando no tenía ni siquiera 17 años. Estaba terminando mi bachillerato y apoyaba proyectos deportivos en varios sitios del municipio. Entonces nos pidieron apoyar la realización de la Asamblea de Cooingra y a la chica que coordinaba las actividades, una licenciada en preescolar”. Así cuenta Bibiana como, en plena adolescencia se encontró con el proyecto que marcaría el rumbo de su vida.

La idea era fortalecer en los niños la cultura de la solidaridad y del ahorro, para contribuir a crear un entorno de paz y una mentalidad de superación y de progreso, que le permitiera al municipio aclimatar la paz y el retorno de los que se habían ido.

“En ese momento trabajaban en el proyecto Maritza Aristizábal y Mariluz Hoyos. Y el gerente de Creafam era el doctor Luis Fernando Gómez. Un día él vino y me propuso que me hiciera cargo de la ludoteca. Me asusté mucho porque yo era muy niña, pero acepté. Empecé de cero y nos demoramos como seis meses para tenerlo todo listo”.

Bibiana no se conformó con la precoz responsabilidad, sino que estudió docencia en la Normal de Marinilla y luego licenciatura en Educación en la Universidad de San Buenaventura. Eso le permitió desarrollar un programa educativo en la ludoteca. “Todo era muy empírico, muy intuitivo. Hacíamos una ciclovía y talleres. Ya en 2007 empezamos a montar un programa de educación cooperativa; en 2009 se pudo contar con un equipo de profesionales y en 2014 hicimos nuestro primer ejercicio de direccionamiento estratégico, con un comité de apoyo y el respaldo de la Junta Directiva”.

Creciendo juntos

Con el tiempo, Bibiana se convirtió en coordinadora de Cooingra, que a su vez se consolidó como una exitosa estrategia de educación financiera cooperativa, con énfasis en mujeres gestantes, lo cual le ha permitido vincular a la mayor parte de los niños de Granada.

“Cooingra es un instrumento pedagógico de formación financiera de los niños desde su gestación, porque ya nacen asociados por cuenta de sus padres y se les va formando en la economía solidaria, en el cooperativismo y como buenas personas”, afirma Bibiana.

Muchos de los niños se vinculan desde muy temprano a los distintos grupos de trabajo, entre los que hay un semillero cooperativo, grupos deportivos, equipo de reporteritos y grupo de teatro, entre otros. Actualmente hay 38 grupos activos.

Además, el programa se ha extendido a otras ciudades donde ahora tienen cobertura Coogranada y Creafam, como Cali, Buenaventura, Armenia, Pereira y Barranquilla. En total, las dos cooperativas suman 17 agencias, que actúan también como nodos del programa.

“Más que una cooperativa, Cooingra es un programa de ahorro infantil y juvenil”, dice Yamile López Alzate, la coordinadora encargada de la Cooperativa, quien ha acompañado a Bibiana en el liderazgo de la iniciativa.

Aunque el asociado es el niño, de acuerdo con la normatividad el vínculo legal se establece con el padre o la madre, que generalmente está asociado a las dos cooperativas, o por lo menos a una. Bibiana y Yamile se emocionan contando cómo los padres, en desarrollo del proceso, construyen y adornan hermosas alcancías para motivar a sus hijos a ahorrar parte de la mesada o del dinero que reciben de sus familiares. Y cuando la alcancía está llena, la llevan a la oficina de la cooperativa y abren la cuenta de ahorros y adquieren el derecho a pedir préstamos. En otros casos los ahorros están ligados a los subsidios que se reciben del programa familias en Acción. Las cooperativas hacen monitoreos y evaluaciones constantes para evitar que se filtren dineros de mala procedencia y tienen  reglas para evitar que los padres usen mal las cuentas.

Aprendiendo a ser

Que Bibiana haya llegado al cooperativismo no es tan causal.  Su madre Rubiela es un ama de casa que durante algún tiempo tuvo un hogar de Bienestar Familiar y su padre Orlando es un líder campesino que llegó a arriesgar su vida en una zona de conflicto, buscando el bienestar de sus vecinos. “Yo crecí de la mano de ese trabajo comunitario. Alguna vez mi papá no pudo trabajar por tres meses y los vecinos asumieron su trabajo en nuestros cultivos. Así me tocó la solidaridad y eso me llevó a Cooingra”.

17 años después, ya convertida en madre de Mateo, que es socio de Cooingra, Bibiana es ahora la bibliotecaria y un pilar importante del programa, que tiene una malla curricular de formación por ciclos, en desarrollo de los cuales se realizan actividades de carácter deportivo, como fútbol o baloncesto, o de carácter cultural, como el coro y el teatro. También se trabaja en talleres de formación del ser.

Las actividades pedagógicas se articulan en tres ejes: Participación y democracia, Educación, Recreación, cultura y deporte . Por eso, varios de los otrora niños asociados son hoy hombres y mujeres integrales y solidarios que están vinculados al sector cooperativo y a distintos proyectos sociales, como Bibiana, la niña que creció con el cooperativismo.

“La cooperativa nos ha ayudado a ser buenas personas”.

Yonier Estiven Gallego González, de 15 años, ya se perfila como otro líder nacido de este proceso. “Soy asociado desde que nací y empecé a participar en grupos desde los 11 años. Todos éramos chiquitos y veníamos por el juego, pero nos dieron talleres y caímos en la cuenta de que también hay enseñanzas. Yo he aprendido mucho, nos han capacitado en todo tipo de temas, en lo personal y en lo social. Ha sido muy fructífero”.

Estuvo en varios grupos y ahora parece decidido a quedarse con el teatro. “Entré al semillero cooperativo, después estuve en otros grupos y ahora estoy en el de teatro. Adaptamos obras del teatro universal para que tengan contenido cooperativo. Las presentamos en los auditorios de las cooperativas, en festivales municipales y donde nos inviten”.

Esteban es un ejemplo perfecto del espíritu de Cooingra. “Mi mamá es docente de primaria, mi papá es amo de casa y tengo dos hermanitas pequeñas. A ellos les parece súper bien que yo esté en la cooperativa porque me ha ayudado mucho en mi crecimiento personal. Yo estoy muy agradecido porque estar aquí nos aleja de las cosas malas que tiene la sociedad. La cooperativa nos ha ayudado a ser buenas personas”.

Fuente: Organizaciones Solidarias


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